27 de Diciembre de 2009.
Duncan Chapel*
[extraído de www.socialistresistance.org]
La lucha fraccional en el SWP que enfrenta a la mayoría, liderada por Alex Callinicos y Martin Smith, contra la “Plataforma de Izquierdas” liderada por John Rees y Lindsey German es completamente deprimente por varias razones. Primero, es un reflejo del estado de depresión y desmoralización general del conjunto de la izquierda británica, aunque por supuesto presenta sus propias características específicas.
Segundo, piensen lo que piensen los buitres ultrafraccionales que habitan en los márgenes de la extrema izquierda, también es deprimente que la principal organización de la izquierda revolucionaria se encuentre en tal situación de desbarajuste fraccional. Estas son malas noticias para todos y el muy pobre resultado de la pasada manifestación convocada por la Stop the War Coalition (STWC) lo demuestra.
Tercero, este lamentable desastre, el cual incluyó el alejamiento de la Socialist Alliance a principios de esta década, la escisión de Respect y el posterior refugio en el SWP, fue a todas luces evitable.
Si la dirección del SWP en particular, pero también la dirección del Socialist Party, hubiesen sido menos rígidas en sus concepciones políticas, si hubiesen mostrado más apertura al pluralismo político como se ha hecho en las construcciones del NPA en Francia y el Bloque de Izquierdas en Portugal, el resultado final habría sido muy diferente. A continuación explicamos el porqué, pero primero me explicaré sobre qué está sucediendo dentro del SWP
Represión burocrática
A partir de las contribuciones en el boletín de discusión interno núm. 2 es evidente que la mayoría está haciendo todo lo posible para organizativamente hostigar a la minoría. En primer lugar, las acusaciones de fraccionalismo están basadas en e-mails que han sido interceptados.
El SWP no permite fracciones fuera de los 3 meses de período de discusión precongresual. Cualquiera que antes de los 3 meses tenga debates sobre la posibilidad de formar una fracción dentro del período de discusión precongresual está expuesto a acusaciones de incumplir los estatutos. Por eso la minoría de Rees-German es acusada de fraccionalismo desleal, ¡por enviarse e-mails los unos a los otros!
En este punto hay algo sobre lo que la Plataforma de Izquierdas ha de reflexionar: John Rees y Lindsey German son ahora víctimas de un régimen interno y una política que ellos defendieron cuando estaban en la mayoría, de hecho ellos fueron sus máximos exponentes. Por ejemplo, la exclusión de John Rees del Comité Central en la Conferencia del año 2009 fue un completo escándalo, pero fué el resultado de la política de exclusión de minorías del Comité Central que Rees y German defendieron en 2007 cuando la minoría era John Molyneux y el debate era si Molyneux debía estar en el Comité Central.
A miembros de la minoría se les ha comunicado que debían cerrar sus webs. La mayoría de miembros de la dirección que forman parte de la corriente mayoritaria están haciendo todo lo posible para minimizar la representación de la Plataforma de Izquierdas, por ejemplo rechazando en las agrupaciones y distritos el nombramiento de delegados de la minoría para la próxima Conferencia; con miembros del Comité Central presentándose como delegados ordinarios con el fin de excluir la representación de la minoría, etc… Todo esto está documentado en el artículo de Lindsey German en el Boletín de discusión previo a la Conferencia núm. 2.
El objetivo de minimizar la representación de la minoría en la conferencia nacional es muy familiar a cualquiera que sepa algo sobre la reciente historia de la izquierda sectaria a nivel internacional. En una organización normal, que se rige por un funcionamiento de centralismo democrático, sería elemental permitir a la Plataforma de Izquierdas estar representada en la dirección. De esta manera podrían expresar adecuadamente sus puntos de vista, se visualizaría su fuerza (o su debilidad) dentro del partido y se afrontarían los debates de manera adecuada. Esto no es lo que la dirección de Callinicos-Smith tiene en mente. Ellos intentan eliminar y humillar a la minoría, intentan desmoralizar a sus seguidores, y probablemente expulsar a la dirección de la Plataforma de Izquierdas. Esto es muy típico de la manera en que los grupos “trotskistas” sectarios se han comportado, desde los tiempos de Gerry Healy, Jack Barnes, Pierre Lambert y otros que siguieron esta forma de funcionar. En este sentido, Alex Callinicos está muy mal acompañado.
Hay otra cuestión sobre la cual la dirección de la Left Platform debería pensar: una organización que tiene una política informal de sugerir a sus miembros que tienen diferencias que podrían ausentarse durante seis meses, con la esperanza de que abandonen el partido, no tiene una vida interna democrática y una actitud saludable frente al debate y las diferencias.
El debate político
Todo el mérito en el debate político está enteramente del lado de la Plataforma de Izquierdas. Los principales documentos de la plataforma acusan a la dirección de retirarse de los espacios más abiertos que el SWP intentó desarrollar: cuando hizo su giro a la Stop the War Coalition (STWC), la Socialist Alliance y Globalise Resistance. La Plataforma dice que la mayoría de la dirección quiere rebajar el trabajo en frentes unitarios como la STWC y en vez de eso replegarse en una campaña mucho menos abierta como es la campaña “Right to Work”, campaña del tipo de las que el SWP estuvo activo en los años 70. La mayoría de todos los documentos de la Plataforma plantean adecuadamente la cuestión del frente único, señalando que Trotsky nunca limitó el frente único a una cuestión meramente táctica, sino que explicó que era una política con significado estratégico. Toda esta argumentación de la Plataforma es correcta.
Pero los términos formales del debate no explican demasiado por sí mismos, por dos razones. Ninguno de los dos sectores analiza el hecho de que para muchos afiliados de base del SWP, así como para una sección de la dirección alrededor de Chris Harman, el giro de apertura a la Socialist Alliance fue muy impopular. Por otro lado, la Plataforma se para en seco al tratar con la verdadera cuestión estratégica que tienen delante de sus narices y que ya ha sido abordada por la experiencia del NPA en Francia y del Bloque de Izquierdas en Portugal: el intento de crear una alternativa amplia de izquierdas, socialista, a nivel nacional, usando los “frentes únicos” como la STWC como base de apoyo. La Socialist Alliance y Respect ambos fracasaron porque el SWP rechazó dar el paso de luchar por una alternativa política plural real, y en cambio, a la hora de la verdad, intentó canalizarlo todo a través del SWP, especialmente durante la época de mayor movilización del movimiento antiguerra en 2003-2004.
En efecto el SWP se quedó a medio camino en su política de construcción de la Socialist Alliance y Respect, caracterizándolos como “frentes únicos de tipo especial”. Pero no lo eran. Eran cuerpos políticos, con políticas socialistas globales. No podían funcionar si la intención era que fueran controlados por el SWP, o al menos que estuvieran sujetos al veto del SWP.
Se puede comprobar la validez de este argumento revisando la experiencia escocesa. En principio el SWP decidió no integrarse en el Scottish Socialist Party (SSP), pero después entró actuando como una fracción minoritaria desde el primer momento. A mediados de 2002 el ambiente entre la fracción del SWP y la mayoría del SSP era gélido, con el SWP intentando aprovechar cualquier pequeña cosa con el fin de crear diferencias. Luego el SWP tomó la completamente oportunista y desastrosa decisión de apoyar la escisión de Sheridan que llevó a la formación de una nueva organización, Solidarity, que por supuesto en este momento está en proceso de desaparición.
No está del todo claro si el alcance del fraccionalismo del SWP en el SSP fue decidido en Londres, o si –como el escorpión que pica a la rana que le transporta cruzando el río- dependió de los militantes de base. La decisión de apoyar la escisión de Sheridan fue por supuesto decidida en Londres y fue un acto de cínica insensatez.
En el período en que nos encontramos es imposible para las organizaciones marxistas continuar sobre la base de una política de “no riesgo” y de mera defensa de lo que se tiene. Construir una formación amplia socialista como el Nuevo Partido Anticapitalista en Francia, el Bloque de Izquierdas en Portugal o participar en Die Linke en Alemania implica necesariamente correr grandes riesgos. Esto es fruto de la naturaleza del período. Pero la decisión de evitar los riesgos inherentes a la creación de alternativas políticas amplias de izquierdas, en defensa de la clase trabajadora y del planeta, está repleta de otros riesgos.
El periodo y el partido
La izquierda en Gran Bretaña –incluso más que en cualquier otro sitio- parece completamente perdida, no sabe qué decir precisamente cuando está frente a una crisis económica de enormes proporciones que golpea Occidente y especialmente al capitalismo anglo-sajón. Tal crisis va acompañada de otra gran crisis medioambiental mundial. Ahora la cuestión no es parar el cambio climático, sino limitarlo y decidir quien pagará el coste de adaptación a sus efectos. En esta situación la derecha e incluso la extrema derecha lleva la iniciativa, especialmente a nivel electoral.
Gran Bretaña enfrenta el mayor ataque contra el nivel de vida de la clase trabajadora, el Estado de Bienestar y los derechos democráticos desde los años 70. Intentar responder a eso con unas pocas más ventas de periódicos y unos pocos afiliados recientemente reclutados es estúpido.
Las tareas que enfrentan los marxistas es la de construir una fuerza política a la izquierda de la socialdemocracia que aparezca como una alternativa realista a millones de personas. Esto no lo puede construir el SWP por sí sólo, tampoco el Socialist Party. Tanto uno como otro son marcos políticos demasiado estrechos.
Al mismo tiempo resulta abstencionista decir que las alternativas políticas más amplias son imposibles de construir sin un auge del nivel de lucha de clases. Tales consejos son excusas que permiten a las direcciones fraccionales seguir con su rutina basada en la propaganda cotidiana: vende el periódico, organiza charlas, recluta nuevos miembros. En el caso de la dirección de Callinicos-Smith se trata de “volver al bunker”, justo como sucedió en 1994 con Peter Taaffe cuando Arthur Scargill vetó el intento del Militant Labour de unirse al SLP.
Sobre la cuestión de construir una alternativa amplia socialista la dirección del SWP ahora habla por los dos lados de la boca. Con un tono excesivamente empalagoso habla de orgullo por “nuestros camaradas” en el NPA francés o en el portugués Bloque de Izquierdas, organizaciones inspiradas sobre concepciones políticas que en Gran Bretaña se las tienen que ver con el rechazo despectivo ex-catedra de Alex Callinicos. La dirección del SWP, al mismo tiempo que se dedica a aconsejar sobre cuestiones tácticas a cualquiera en todo el mundo, en Gran Bretaña se dedica a construir sobre esquemas sectarios.
Duncan Chapel es miembro del consejo editorial de Socialist Resistance .
domingo 27 de diciembre de 2009
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